miércoles, 9 de septiembre de 2009

Los sueños lucidos y su importancia



Alejandro Jodorowski

 

Yo tuve la suerte de tener mi primer sueño lúcido a los diecisiete años. En ese sueño yo estaba en un cine en el que se proyectaba una película de dibujos animados digna de Dalí. De pronto me vi sentado en el centro de la sala y supe que estaba soñando. Miré hacia la salida, pero, como no era más que un adolescente carente de toda cultura espiritual o psicoanalítica, pensé: “Si cruzo esa puerta, entraré en otro mundo y moriré”, ¡Y sentí pánico! Mi única solución era despertarme, por lo que hice enormes esfuerzos para salir del sueño, hasta el momento en que sentí que ascendía desde las profundidades hacia mi cuerpo, que parecía estar situado en la superficie. Me reintegré a mi envoltura y desperté. Así fue mi primera experiencia, y me pareció francamente aterradora. A partir de entonces empecé a familiarizarme poco a poco con el sueño lúcido.

En algún punto comencé dirigiendo un juego. Me decía: “Quiero ver pasar elefantes en África”. Y a los pocos segundos estaba en África, viendo pasar una manada de elefantes. Podía cambiar de decorado, desear ir al Polo Sur y luego ver miles de pingüinos... Esto me producía tanta felicidad que acababa por despertarme. Después he experimentado todo tipo de vivencias sobre mí mismo. Una vez quise saber qué era morir: me arrojé desde lo alto de un edificio y me estrellé contra el suelo. Inmediatamente, me encontré vivo en otro cuerpo, entre la multitud que miraba el cadáver del suicida. Así descubrí que el cerebro desconoce la muerte.

Otra ves decidí dejarme poseer por un dios mítico... Después me dediqué a realizar deseos no alcanzados en el estado de vigilia, especialmente deseos sexuales, por supuesto... En sueños me entregué a orgías fantásticas con mujeres semihumanas, semipanteras... Aquí quisiera insistir en un punto: antes de lograr el sueño lúcido, en el que yo controlaba las imágenes, tenía que vencer una serie de obstáculos que aparecían como otras tantas pruebas de iniciación. Sólo una vez superados merecía el derecho de ser dueño y señor de mis sueños. Este pasaje, extraído de mi cuaderno, muestra bien este aspecto del proceso:

“Estoy en un mundo industrial, sin naturaleza, únicamente compuesto por inmuebles. Es una frontera, no tengo documentos de identidad. Tres soldados me impiden el paso. Salto la barrera y echo a correr, perseguido por los militares. Tras abrir las puertas de un garage, me encuentro frente a un pozo de miles de kilómetros de profundidad. Al borde de ese abismo, me doy cuenta de que estoy soñando. Los perseguidores han dejado de existir. Decido arrojarme al fondo, sabiendo ya que nada puede ocurrirme. Salto y caigo a gran velocidad. No siento miedo. Siento el deseo de detener la caída. La caída cesa. En la pared aparece una puerta. Entro y ahora estoy en el pórtico de una catedral. Comprendo que tengo el poder mágico de hacer surgir ante mis ojos lo que yo quiera. Entonces siento el deseo de realizar una experiencia erótica. Creo tres mujeres-bestia, mitad panteras, mitad hembras humanas, que están en cuclillas o a cuatro patas. Beso a una en la boca, y sus labios largos parecen ninfas de vulva. Pruebo a introducirles mi dedo índice en el ano, bajo la cola. Poseo a una mientras las otras me arañan de modo agradable y trato de llegar a un orgasmo. Pero inevitablemente dejo de estar lúcido, y el sueño me absorbe y, finalmente, se transforma en pesadilla. Despierto con palpitaciones...”

En estas experiencias la dimensión iniciática está en que, en el momento que empezaba a hacer el amor con esas mujeres animales, el deseo se apoderaba de mí haciendo que perdiera la lucidez y el sueño escapara a mi control. Olvidaba que estaba soñando. Me pasaba lo mismo con la riqueza. Cuando me dejaba fascinar por el dinero o el poder, mi sueño dejaba de ser lúcido. Cada vez que trataba de satisfacer mis pasiones humanas, el guión me absorbía y perdía la lucidez. En el momento en que pedía cosas individuales, me sumía en el sueño y consecuentemente perdía la lucidez. Volvía a meterme dentro de un sueño ingobernable. Fue un gran aprendizaje: comprendí finalmente que, en la vida como en el sueño, para permanecer lúcido es necesario distanciarse, no identificarse con la acción. Es un viejo principio espiritual que el sueño lúcido me hizo recordar. El deseo y el miedo son las dos caras de nuestra identificación, así lo afirman todas las tradiciones.

El sueño me enseñó también a actuar frente a mis temores. Hubo un tiempo en el que frecuentemente tenía la misma pesadilla: estaba en el desierto y desde el horizonte surgía, como una nube inmensa de negatividad, un ente psíquico decidido a destruirme. Me despertaba gritando y empapado en sudor... Un día me cansé y decidí ofrecerme en sacrificio al ente. En el apogeo del sueño, en un estado de terror lúcido, me dije: “De acuerdo, voy a dejar de querer despertarme. No tienes más que venir a destruirme.” El ente se acercó y, de repente, desapareció. Desperté unos segundos y volví a dormirme plácidamente. Entonces comprendí que somos nosotros mismos quienes alimentamos nuestros terrores. Aquello que nos atemoriza pierde toda su fuerza en el momento que dejamos de combatirlo. Es una de las enseñanzas clásicas del sueño lúcido. Varias veces he logrado controlar el miedo al tránsito final atravesando mi propia muerte...

He hecho un gran esfuerzo por mantenerme fiel día a día a lo que me era permitido comprender en sueños. Porque, ¿de qué sirve recibir enseñanzas si no las aplicas cuando te encuentras ante las dificultades cotidianas? Una enseñanza no se hace operante, no adquiere todas su fuerza transformadora, hasta el momento en que es aplicada...

Aprendí que en mi vida diaria no tenía por qué dejarme atrapar en un marco. La realidad cotidiana no es rígida, o no lo es más que en nuestra mente, en el concepto que tenemos de ella. Si nos sentimos atados, cansados de movernos siempre dentro del mismo entorno, ¡tenemos la facultad de cambiar! ¿Quién dice que es imposible? El sueño lúcido me enseñó a moverme por el interior de una realidad dúctil en la que siempre puede producirse cualquier mutación, cualquier transformación... Creo verdaderamente en la magia de la vida... puedo afirmar que mi vida está en consonancia con mis sueños más fantásticos... Ahora bien, para que esta magia sea efectiva, cada cual debe cultivar en sí mismo cierta cantidad de virtudes que pueden parecer contradictorias en principio: inocencia, autodominio, fe, valentía... Poner en movimiento esta máxima exige mucha audacia, también pureza y un profundo trabajo con uno mismo. Tengo que insistir en que yo he consagrado mi existencia a perfeccionarme, a conocerme, a hacerme accesible interiormente. En imprescindible no abandonar en ningún momento la disciplina, sin la cual este enfoque de la realidad no sería más que una ilusión. ¡La vida no está ahí para satisfacer los deseos del primer perezoso que se presente! La vida no te corresponde sino en la medida en que te entregas a ellas y te esfuerzas por superar tu egocentrismo...

En el sueño rigen las mismas leyes que en la vida cotidiana: cuanto más te distancias, más puedes gozar de la existencia y sentirla como un gran patio de recreo. Si no consigues distanciarte, la vida puede convertirse en un callejón sin salida. Así pues, paradójicamente el sueño me ha enseñado a velar, a mantener el hilo de la existencia, una corriente de lucidez, incluso a costa de grandes esfuerzos...

De este sueño inconsciente que suele ser nuestra vida hay que hacer un sueño lúcido. Hubo un tiempo en que, antes de dormir, tenía la costumbre de pasar revista a todos los sucesos del día. Visualizaba la película de mi jornada, primero de principio a fin y, después, a la inversa, según el consejo de un viejo libro de magia. Esta práctica de la “marcha atrás” tenía el efecto de permitir ubicarme a cierta distancia de los sucesos del día. Después de haber analizado, juzgado y tomado partido, en el próximo examen volvía a repasar el día en sentido inverso y entonces me encontraba distanciado. La realidad así captada presenta las mismas características que un sueño lúcido. ¡Entonces me di cuenta de que, al igual que todo el mundo, en buena medida yo soñaba mi vida! El acto de pasar revista a la jornada por la noche equivalía a la práctica de rememorar mis sueños por la mañana.

El sólo hecho de acordarme de un sueño es ya como organizarlo. Yo no veo el sueño completo, sino aquello que he seleccionado de él. Análogamente, al repasar las últimas veinticuatro horas, no tengo acceso a todos los actos del día, sino a los que he retenido. Esta selección constituye ya una interpretación sobre la cual baso luego mis juicios y apreciaciones. Para hacernos más concientes, podremos empezar por distinguir nuestra percepción subjetiva del día de aquello que constituye su realidad objetiva. Cuando ya hemos dejado de confundirlas, somos capaces de asistir como espectadores al desarrollo de la jornada, sin dejarnos influir por juicios y apreciaciones. Desde esta actitud de testigo se puede interpretar la vida como se interpreta un sueño...

 

Extractos del capítulo “El Acto Onírico”, del libro Psicomagia de Alejandro Jodorowsky, Ed. Siruela, 2004


Ilustración Angeles Moreno


jueves, 20 de agosto de 2009

Diksha este Domingo al final de YoGa

Ven este domingo 23 de Agosto a YoGa de 9 a 10 30am al final habrá una Diksha
- La Bendición de Unidad se entrega a través de una imposición de manos sobre la cabeza o a través de la intención. Tal como una semilla es plantada y sigue su curso de crecimiento, el Diksha inicia un florecimiento interno que no tiene fin-
Gracias infinitas!!!!
Namasté

lunes, 17 de agosto de 2009

La YoGa ayuda al haber dolor de espalda

Te duele la espalda ? La razón puede estar 25 años atrás.

Un estudio llevado a cabo en Gran Bretaña y publicado en el British Journal of Sports Medicine este mes, ha encontrado una estrecha relación entre el dolor de espalda y cuello en los adultos y la flexibilidad y fuerza que tenían 25 años atrás.

clase
Datos del estudio

El estudio incluyó a 520 hombres y 605 mujeres entre 37 y 42 años. Estos mismos hombres y mujeres habían realizado diferentes pruebas atléticas en 1976. Se encontró que los hombres que eran más flexibles de adolescentes hoy tienen 50 % menos de problemas de dolores de espalda y cuello que los que desde jóvenes eran menos flexibles.
Las mujeres que eran más fuertes de adolescentes, actualmente son un tercio menos propensas a dolores de cuello y de espalda que las más débiles.
Una conclusión contundente del estudio es que siempre se había asociado al dolor de cuello con el estrés y con la dureza de los músculos del cuello mas no con la flexibilidad del cuerpo. El estudio asume que la tensión en el cuello es reflejo de la tensión en todo el cuerpo. Asevera el estudio que es posible que la falta de flexibilidad en la cadera y en los músculos posteriores de las piernas, cambian la estructura de la espina y producen tensión que se deriva en dolor de espalda y de tensión en el cuello.
También reafirma resultados de estudios anteriores: Un cuerpo fuerte de jóven no es garantía de no sufrir dolor de espalda de adulto y recalca que los mejores resultados para evitar el dolor de espalda son las disciplinas que conjuntan fuerza y flexibilidad.

Si deseas ver el reporte completo en Inglés: Predictors of adult tension neck, low back pain, and knee injury, ve a esta página:

El Yoga combina fuerza y flexibilidad

Si como tantos adultos sufres de dolor de espalda y cuello, el yoga es una disciplina que te mantiene flexible y fuerte. Además te enseña a conectar tu cuerpo y mente de manera integral. El resultado es la disminución de tensiones derivadas de la vida diaria, del trabajo o de mala postura. Acércate al yoga y vive una vida de calidad.

www.namasté.com.mx

Las mejores posturas al acostarnos

Las mejores posturas en la cama

Actualmente uno de los principales problemas de la población es el dolor de espalda. Esto es debido principalmente a los factores de obesidad, sedentarismo y especialmente las malas posturas a la hora de descansar, ya que no todas las posturas nos aseguran un descanso reparador y confortable, además este hecho guarda relación directa con el estado de ánimo de la persona.

Muchas de estas dolencias se pueden prevenir con hábitos sencillos como dormir sobre una superficie adecuada adoptando posturas correctas. Únicamente el 25 % de la población total duerme en la postura más recomendada por los expertos que es hacia arriba. La mayoría lo hace de costado y una minoría duerme boca abajo, postura no recomendada, pues se suele desviar la curvatura de la columna y se mantiene el cuello girado durante varias horas para respirar.

A continuación se exponen las distintas posturas que se pueden adoptar con sus recomendaciones y riesgos correspondientes.

Dormir boca arriba

Esta es la mejor posición para dormir, es decir, tumbarse hacia arriba, dejando reposar toda la columna sobre el colchón y la cabeza bien apoyada en la almohada. Para las personas que tienden a dormir en esta postura, se aconseja colocar una pequeña almohada bajo las rodillas para que éstas queden ligeramente flexionadas. Esta posición permite que toda la zona lumbar se apoye por completo en el colchón, evitando el riesgo de contracturas gracias a la relajación que se produce.

Respecto a la almohada debe ser cómoda, no debe ser muy alta, de esta forma evitaremos contracturas cervicales al tener el cuello excesivamente flexionado hacia delante. Por otro lado dormir sin almohada, provocaría tener el cuello en tensión durante toda la noche.

En conclusión la altura adecuada será aquella, que permita que las cervicales formen con la columna, el mismo ángulo que cuando nos mantenemos en pie.

Una opción adicional es poner una almohada bajo las rodillas. Esto disminuye la curvatura lumbar y permite que el abdomen descanse

Dormir de costado

Esta otra postura con las piernas y caderas flexionadas y el cuello dentro del eje del resto de la columna, es también conocida como la posición fetal y es la más recomendada para las personas que padecen dolores lumbares, ya que es una posición neutral para la columna vertebral evitando que el peso recaiga sobre ésta. Si el costado que elige es el derecho, se deberá flexionar la cadera y la rodilla izquierda, independientemente que la otra rodilla se mantenga o no recta y girar los hombros.

Posteriormente adaptar la almohada al cuello adoptando una curvatura similar a la que se forma cuando estamos en pie. También con esta postura se pueden evitar o disminuir dificultades respiratorias que en otra posición podrían surgir. El motivo es debido a que el cuello no soporta ninguna presión y por tanto la respiración no se vuelve incómoda, es decir, no obliga a las vértebras a mantenerse en una posición poco natural y dolorosa.

En referencia a la altura de la almohada, indicarle que la correcta es aquella que le permita mantener el cuello en el eje de la columna dorsal, evitando que caiga. Normalmente, esta posición requiere que la almohada sea algo más alta que en el caso de dormir hacia arriba. Esta altura debe ser equiparable con el hueco que se forma entre su hombro y el lateral de la cabeza. Si su almohada es mucho más alta o mucho más baja, corre el riesgo de sufrir contracturas cervicales o lesiones.

No obstante siempre se recomienda cambiar de postura cada cierto tiempo. Igualmente el uso de una almohada adicional entre las rodillas permite que la cintura descanse y que las rodillas no choquen y se hagan contrapeso una con la otra.

Dormir boca abajo

Aunque sólo una minoría de la población duerme en esta posición, es la menos recomendable por los motivos que se exponen a continuación.

En primer lugar provoca que la columna vertebral adquiriera una curva poco natural y muy perjudicial para la salud de la espalda, debido a la torsión y posiciones forzadas que se producen. Por otro lado para poder respirar nos vemos obligados a girar el cuello durante demasiado tiempo, corriendo el riesgo de que se puedan producir contracturas o lesiones cervicales, esto es debido a la torsión y tensión excesiva que soportan las vértebras en esta posición, además también es posible que provoque asfixia. En este caso el uso de una almohada se desaconseja totalmente, ya que además de tener girado hacia algún lado el cuello, se obliga a mantenerlo hacia atrás.

recomienda deshacernos de este hábito e intentar cambiar la posición de forma gradual hasta acostumbrarnos a otra postura más adecuada, para que el cambio no sea tan radical y por tanto nos cueste más amoldarnos, lo ideal es intentar dormir de costado. Si cuesta trabajo dormir en otra posición, nuevamente el uso de almohadas adicionales ayuda a disminuir el estrés en la pelvis y en el área lumbar. Personas con hernia discal tienen que recurrir a esta postura para hacer espacio en sus vértebras.

Material de origen:

Clínica Mayo, U.S.A.

La Tienda Home. España.

Página de origen: www.namaste.com.mx

martes, 11 de agosto de 2009

YoGa por la tarde

Clases de YoGa
Martes y Jueves de 7 30 a 9pm

Domingos de 9 a 10 30am

Clase de prueba gratuita!
Miguel Laurent 96 int. 302
(entre moras y Patricio Sanz)

56879109/55776697
cel. 5520724904
nancy carranza
Namasté!!!

YoGa por la mañana

11 Agosto 2009

Se abre grupo por la mañana, las clases serán los Lunes de 6 30 a 8 am.

Paquete mensual $320
Ya hay tres alumnos confirmados nos faltas tú!!!

Clase de prueba gratuita

llámanos
Estamos en Miguel Laurent 96 interior 302.
(entre moras y Patricio Sanz)
56879109/ 55756697
cel. 5520724904

nancy carranza
Namasté!!!!